ANTE UNA PERDIDA

>> sábado, 22 de enero de 2011


Y llegamos al 2011, pero no con todos los que hubiéramos querido llegar. En el camino del 2010, algunos de nuestros hermanos fueron llamados a la presencia del Señor. Sabemos que la separación es temporal, que solo se nos adelantaron en el camino, pero duele el no tenerlos como antes entre nosotros, los extrañamos.
No importa como murieron, si fue de manera natural, por enfermedad o por un accidente, de cualquier forma nos duele su partida y eso es normal. Hemos sido afectados porque no los veremos más aquí y tendremos que aprender a sobrevivir sin ellos. Algunos de ellos hacían tanto por nosotros, nos acompañaban en todo tiempo, que necesitaremos sustituir el hueco que nos dejan y eso nos costará trabajo.

Ante el dolor de la pérdida de alguien, nos ciclamos y no sabemos qué decir para ser consolados, pareciera que no hubiera palabras para dar fuerzas y mitigar el dolor, pero si las hay y están escritas en la Biblia, pues son palabras de Dios. Así que para los que creemos en Dios hay consuelo y fortaleza. Solo tenemos que hacer dos cosas: resignarnos y contentarnos con Su perfecta voluntad.

Resignación ante lo inevitable, pues la muerte física lo es. Luchar contra lo que pasó solo nos hará daño y nos llenará de amargura y resentimientos. La vida es pasajera, se acaba, la palabra en el salmo 90 la compara con la hierba del campo que florece y luego se seca; ese mismo salmo nos habla de la molestia que puede causar la edad después de los 70 y nos invita el salmista a contar nuestros días con sabiduría. La vida es un ciclo, con un principio y un fin; es como un reloj que nos marca el tiempo, para nacer y para morir; la vida nos da tiempo para todo (Eclesiastés 3), y dice Salomón que Dios hizo todo hermoso en su tiempo y que ha puesto eternidad en el corazón del hombre, sin que alcance éste a entender la obra que ha hecho Dios desde el principio hasta el fin. Cuando aceptamos esta verdad, podemos ver la muerte de otra manera, superar la prueba en parte y darle gracias a Dios por el tiempo que el ser querido estuvo con nosotros, así como por todas las bendiciones que a través de esa persona recibimos. Para resignarnos necesitamos aceptar el tiempo de Dios y que era la hora de que nuestro amado partiera de esta tierra.

Contentamiento ante la voluntad de Dios. Es difícil alegrarnos en momentos de pérdida por el dolor que causa la separación, pero debemos aprender a buscar el lado bueno de las cosas para contentarnos y ese lado está en Dios y Sus promesas. Job ante las trágicas circunstancias que vivió, dijo una frase célebre: Jehová dio y Jehová quito, sea el nombre del Jehová bendito (1:21). El reconoció que todo lo que tenía, incluso sus hijos que murieron antes que él en esa prueba, eran un préstamo de Dios y que El sabía por cuánto tiempo se los dejaba. El contentamiento solo puede surgir cuando sabes que Dios está contigo y que aun esa separación tiene un propósito en la vida de todos los tuyos, ya que no la sufrimos solos, sino que toda la familia se duele. El contentamiento también surge con la esperanza del cumplimiento de las promesas de Dios. Jesús nos prometió un lugar a su lado cuando dejemos de ser en este mundo, una morada celestial (Juan 14:2). El Señor también nos ha prometido vivificarnos, darnos un cuerpo transformado, un nuevo nombre, en pocas palabras, una nueva vida más abundante (1 Co. 15: 20-23, 2 Co. 3:18, Apoc. 2:17), pues estaremos en un lugar donde no habrá dolor, enfermedad, llanto ni tristeza (Apoc. 21:4), un lugar en el cual todos queremos estar. Que consuelo más grande para nosotros es saber que la persona que amamos está con Dios, gozando de sus bendiciones.

Dice nuestro Pastor, que la muerte es el tren que nos lleva a nuestro destino eterno y cuando nuestra vida la vivimos con Dios a través de Jesucristo, entonces la parada directa a la que vamos es el cielo. Así que los cristianos no debemos temerle a la muerte y verla como algo feo, pues Jesucristo la venció y ha comprando vida eterna para nosotros. Pero esa vida eterna no es aquí en un mundo destruido por el pecado, sino allá con El en sus moradas celestiales, así que como dijo el apóstol, si vivimos para el vivimos y si morimos para el morimos, y sea que muramos o que vivamos, somos del Señor (Romanos 14:8).

No sabemos si en este año o en el próximo seremos nosotros los llamados, pero como Salomón dijo: "Yo he conocido que no hay para ellos cosa mejor que alegrarse, y hacer bien en su vida; y también que es don de Dios que todo hombre coma y beba, y goce el bien de toda su labor. He entendido que todo lo que Dios hace será perpetuo; sobre aquello no se añadirá, ni de ello se disminuirá; y lo hace Dios, para que delante de él teman los hombres. Aquello que fue, ya es; y lo que ha de ser, fue ya; y Dios restaura lo que pasó" (Eclesiastés 3:12-15) Así que deja que Dios sane tus heridas, consuele tus tristezas y vive la vida en el gozo del Señor.

Marisa Valle

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