LOS REGALOS BAJO EL ARBOL

>> miércoles, 10 de noviembre de 2010


Doña Elvira se disponía a hacer sus compras de Navidad, llevaba una lista donde había anotado los nombres de sus parientes y amigos y al lado de cada nombre, el regalo que pensaba comprarle. Tales regalos no habían sido pensados tomando el gusto de sus futuros destinatarios, nunca se tomaba la molestia de averiguar qué necesitaba o deseaba cada quien. Elvira nunca pensaba en los demás. Al llegar al centro comercial, sacó su lista de la bolsa, el primero era su marido. Con una mueca de disgusto, se acercó al dependiente y le pidió que le mostrara corbatas. Cada Navidad le regalaba una corbata a su marido, porque no quería molestarse en pensar qué otra cosa pudiera agradarle. En los cumpleaños, era una camisa blanca, siempre, cada año... Ella no se complicaba la vida. Lo mismo era para los parientes y amistades, por eso tenía su lista, la misma que guardaba cada año, para el siguiente. A sus hermanas, les regalaba un perfume a cada una, a sus cuñados, calcetines, a sus sobrinos, un carrito de juguete, a sus sobrinas, un jueguito de té, etc. Todas las Navidades era lo mismo. Los regalos de la tía Elvira eran los últimos que quedaban bajo el árbol de Navidad, los últimos en abrirse, ¡todos sabían su contenido!

En la repartición de regalos de Navidad, la actitud de la persona que da el regalo cuenta más que el regalo mismo. Elvira, la mujer de la historia, no pensaba en nadie a la hora de comprar los regalos, solo lo hacía por salir del paso. No le importaba si lo que había destinado para cada miembro de su familia o amigos, realmente le hacía falta o le iba a dar una grata sorpresa. Ni siquiera le importaba el qué dirán, lo que fueran a pensar de ella la tenía muy sin cuidado. A esta clase de personas, les gusta imponer su voluntad y piensan que todo el mundo debe aceptarlas como son.

También existen personas que teniendo un buen poder adquisitivo, hacen regalos ostentosos, pero tampoco pensando en los demás, sino en sí mismos. Lo hacen para mostrar lo bien que les va, para presumir su bienestar económico, para que su regalo se destaque de entre los demás y todos sientan admiración. Estas personas están llenas de orgullo y son muy materialistas. Gustan rodearse de bienes materiales, llenarse de lujos, pero su corazón está vacío.

Hay otras personas cuya economía no les permite comprar algo mejor para cada uno de sus seres queridos, pero lo hacen pensando en cada uno de ellos y aunque poquito, están seguros de que les va a gustar. Estas personas son de las que pueden pasar todo un día buscando lo que es adecuado para cada quien, hasta que lo encuentran a un precio accesible para ellas.

Y hay otras personas que gustan regalar algo hecho por sus manos. Esta es una buena actitud, siempre y cuando sea un regalo adecuado, por ejemplo, si la esposa le teje un sweater al esposo y le queda dos tallas más grande, ¡es mejor que le regale otra cosa!
Para regalar hay que ponerse un poquito en los zapatos de los demás. Si no conocemos mucho de los gustos de una persona, podemos preguntar a alguien que realmente los sepa. Regalar debe de significar: "me tomé un tiempo para pensar en ti".

Los primeros regalos que recibió Jesús, fueron regalos pensados con sabiduría y con un gran significado. Los regalos que le llevaron los sabios, estaban pensados en la naturaleza real y divina de Jesús y su futuro sacrificio por la humanidad. El oro, como metal más valioso, digno de un Rey. El incienso, desplegando su aroma al quemarse, significaba que Jesús era Dios. La mirra, también aromática, además de preservativa, representaba la muerte expiatoria de Jesús. La costumbre de regalar en estas fechas viene precisamente de este suceso, de los regalos que le hicieron a Jesús por su nacimiento.

Si vamos a hacer un regalo, hagámoslo pensando en la persona a quien daremos ese regalo, que nuestro amor se pueda sentir en ese regalo. No hagamos compras de última hora, en que por falta de tiempo, compremos lo primero que veamos y sobre todo, regalemos afecto junto con nuestro regalo material. Los sabios antes de entregar los regalos para Jesús, le adoraron. Un abrazo y una sonrisa es algo que siempre necesitamos todos los seres humanos.

"Cuando llegaron a la casa, vieron al niño con María, su madre; y postrándose lo adoraron. Abrieron sus cofres y le presentaron como regalos oro, incienso y mirra." Mateo 2:11 NVI

Angélica García Sch.

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